Luna de Bilbao: Pasos perdidos
10 Octubre 2008Ultimamente me aburre un poco la actualidad, parece como si se repitieran, día tras día, los mismos asuntos. Cambian los disfraces, los titulares. Apenas tenemos tiempo para girar la mirada hacia atrás. En agosto del 2006 Enrique Bustamante escribrió Los pasos perdidos. Enrique es el moderno Ulises intentando regresar a Ítaca enfrentado a problemas y obstáculos, nos cuenta su odisea interior, su viaje interior, escribiendo en la superficie de la Red. Me hizo una visita (nos la hizo a todos), quedamos en Durango, aquel día llovía, charlamos un rato en un cruce de caminos. Después levantó el ancla de su nave y siguió el viaje guiado por el viento de su necesidad interior.
A la altura de Orduña, poco antes de llegar a Llodio, me despierta esa luna en forma de concepto frío, pesado, nervioso, adosado al aire del vagón que golpea sin piedad la piel de mis huesos. No me asusta –dice el concepto- que se trate de otro país, lo que verdaderamente me asusta es que se trate de otro planeta. Así las cosas, no es de extrañar la sorpresa a la llegada a Basauri, quizás por el recuerdo de aquella novia infantil vecina de Soloarte o de Balendin Berriotxoa, ni la crisis de ansiedad al primer repecho, empinado, de la conversación en Durango. ¡Menos mal que mi interlocutor, un hombre sabio, también está curtido en mil batallas! Y que espero –o necesito, que viene a ser lo mismo- que me haya comprendido como se acaba por comprender a un volcán en erupción o a un estúpido terremoto.