Asesinos y santurrones
30 Abril 2007
Tenía ganas de despacharme a gusto y en público, pero lo he demorado por falta de tiempo, de ganas, porque estoy en otras cosas. Se ha puesto a llover, es día de fiesta y me queda un rato, mientras se terminan de cocer las legumbres, para expresar mi hartazgo ante las gilipolleces de la clase política de este país. Girando, siempre girando, dando vueltas a su pestilente ombligo.
San Ibarretxe del amor hermoso pide perdón por todos nuestros pecados, los de los demás, los suyos, los de la sociedad vasca y más allá. ¿En nombre de quien dice usted?. Yo no he matado a nadie, yo no me enriquecido fabricando armas, no tengo el poder que se ha sustentando en el miedo y el silencio. No formo parte de ningún partido ni cuadrilla que, condene o no la violencia, era y es requisito imprescindible para medrar en este país. No soy yo quien tiene poder para decidir, a veces ni sobre mi propia vida. ¿A quien tengo yo que pedir perdón? ¿A las víctimas de la codicia de otros?
Esa costumbre de colgarnos responsabilidades ajenas, pecados originales míticos y primegenios, es muy propia de la moral cristiana: todos somos culpables, la sociedad es la culpable, elevemos un canto de penitencia colectiva, para lavar el culo de los verdaderos responsables mientras continúan jodiendo. Cinco minutos en el confesionario, dos avemarías, un padrenuestro y a seguir jodiendo . Yo, al igual que millones de ciudadanos, no tenemos que pedir perdón a las víctimas del terrorismo ni a las víctimas de los crímenes de estado, tampoco a las víctimas de su desastrosa gestión manipulando sentimientos de odio y venganza.
Ustedes, los políticos, ni hacen ni han dejado hacer. ¿O es que ya no se acuerdan? Miserables, que según la cuarta acepción de la definición del diccionario de la real academia puede significar: Perversos, abyectos, canallas.![]()