La economía china vista desde Mañaria
8 Junio 2007
Esclavos liberados de una fábrica china. Julio 2007
Más fotografías de la Agencia Reuters
El título de este artículo es una parodia de la entrada publicada en Libro de Notas dedicada a un artículo de Enrique Dans titulado La economía china vista desde China. Según observo cuando más cerca de la casta dominante menor es la empatía y capacidad para comunicarse con amplios sectores de la humanidad. Por otro lado no es casualidad la proliferación e infección que padece la sociedad china de esos hongos terribles llamados eufemísticamente Escuelas de Negocios en Asia.
En el año 2004 conocimos la noticia de que en China, niños entre 12 y 17 años fabricaban juguetes en condiciones de esclavitud, son los que regala, entre otros, McDonald´s en sus promociones. Tambien se vieron implicadas Nike y Wall-Mart la cadena de supermercados más grande del mundo. Las noticias que llegan de China relacionadas con las condiciones laborales de los trabajadores son filtradas o sencillamente ignoradas por los medios de comunicación, pero de tarde en tarde surgen escándalos de tal magnitud que es casi imposible ignorarlos.
El hijo de Wang Dongji, secretario general del Partido Comunista de China, era el propietario de una fábrica de donde fueron rescatados 31 trabajadores inmigrantes de las zonas rurales sometidos a un régimen de esclavitud: Jornadas laborales de 20 horas, tenían prohibido salir y recibían sólo pan y agua para comer.
El mapa de la nueva economía es espeluznante, un impresionante número de personas tratados como mercancía, un jugoso excedente de parias y miserables al servicio de la codicia y el desarrollo de cuatro tiburones. ütiles para producir barato, útiles como conejillos de indias para la industria farmaceútica, útiles para rascar los bolsillos de los ciudadanos con complejos de opulencia.
Son muchas las empresas que han visto una oportunidad de negocio, un sustrato ideal para plantar y vender mercancías. Ante las previsiones de magnificas cosechas en ese país todos se pasan por el forro de los cojones la ética o algo tan espantoso para los buenos negocios como son el respeto a los derechos humanos y por extensión los derechos de los trabajadores chinos. Detrás de la etiqueta Made in China se esconde mucho sufrimiento y algo de lo que apenas se habla: El recorte de los derechos y de la renta de los trabajadores aquí en Euskadi. Ante la amenaza de la deslocalización los empresarios, sindicatos y trabajadores están dispuestos a tragar cualquier sapo. Y la mentira se amplía cuando señalan que el salvavidas de nuestro nivel de renta depende de la innovación, de la mejora continua, la investigación … Un tren que Euskadi ha perdido hace mucho tiempo y que el TAV, por mucha velocidad que alcance, no ayudará a recupar.
Tampoco servirá ampliar el presupuesto de Agitación y Propaganda donde se nos muestren las pamplinas cosméticas que fomentan la imagen de una sociedad innovadora y puntera en tecnología. La realidad es que, según un informe del año 2006, Euskadi aún tiene muchas asignaturas pendientes. Las empresas vascas innovadoras reciben más financiación pública que la media europea, esto significa una fuerte dependencia del modelo económico e ideológico del peculiar estilo del nacionalismo vasco.
El saldo comercial total, en Euskadi, muestra un déficit creciente, pasando de un saldo deficitario de 267 millones de 2005 a uno de 643 millones un año mas tarde. El saldo comercial no energético sigue presentando un perfil superavitario ascendente, pasando de 3.339 millones de euros de 2005 a 3.941 millones, es decir, un crecimiento del 18,0% (Fuente).
Es decir que cada vez compramos más bienes y servicios en el exterior. No soy economista, pero estos datos indican que lo que tira de la economía vasca es el consumo, al que hay que unir el tema de la vivienda, actividad financiera, etc. Ese trapicheo de comprar barato y venderlo al mayor precio posible. Aquí se producen cada vez menos bienes de equipo, alimentos y si me apuran la producción y puesta en marcha de buenas ideas parece algo escasa.
La sociedad vasca es, fundamentalmente, consumidora de productos más o menos necesarios y por lo tanto tiene en sus manos una herramienta poderosa para cambiar realmente las cosas: Decidir qué productos comprar en función de su impacto social. Basta con leer las etiquetas de lo que compramos, detrás del made in china hay mucha sangre, detrás de las verduras y las legumbres además de tóxicos químicos podemos encontrar inmigrantes con sueldos de miseria, importadores nada escrupulosos con las condiciones de trabajo en los países de origen o grupos de distribución cuya codicia no tiene límites morales.
Algunas sugerencias pueden servirnos para decidirnos por unos u otros productos. Siempre que sea posible, adquirir mercancías hechas en el ámbito local; exigir que el producto que adquirimos garantice para los trabajadores y trabajadoras un salario justo; que se respetan las condiciones de seguridad e higiene del lugar de trabajo; que fomenta la igualdad de oportunidades para las mujeres; que protege los derechos de los niños y no son utilizados como mano de obra; salvaguarda los derechos de las minorías étnicas y que es respetuoso con el medio ambiente.
Todo este arsenal ético puede ser una gran oportunidad para el comercio minorista de la comarca, con estas premisas y la concienciación de los consumidores el éxito está asegurado. Sin embargo las asociaciones de comerciantes de la comarca manejan otros parámetros, la pura codicia, obtener el máximo beneficio, en esta guerra entre hijos de puta ganará siempre el peor. Ser bueno y mantener unas normas éticas básicas puede ser uno de los mejores negocios de futuro. Que se lo vayan pensando si quieren sobrevivir. Innovar éticamente si contribuye al desarrollo de la comarca.
Muchos de los beneficios sociales que aún mantenemos: Sanidad pública universal y gratuita, derechos y deberes laborables, pensiones, etc. se consiguieron tras largas luchas sociales, en contra de quienes despreciaban a la chusma ignorante usada como carne de cañón. Hoy tenemos en frente algo mucho peor: nosotros mismos colaborando con la barbarie de este modelo de desarrollo al que podemos llamar globalización de la infamia.

8 Junio, 2007 a las 21:47
A mí lo que me sorprende es que todavía se le llame “nueva economía”, cuando de nueva no tiene nada: es la economía de los años de la revolución industrial, los síntomas son los mismos: derechos de los trabajadores, nulos; salarios de miseria; niños trabajando, a veces en tareas peligrosas para su vida; desprecio total a la mano de obra; suplencia de ésta con otra que sea más barata, etcétera, etcétera. No es nada nuevo. Incluso ya fue descrito en su día por Victor Hugo en “Los Miserables”. Dos diferencias: ahora se le llama “liberalismo” (ja) y en lugar de suceder en las grandes ciudades sucede de forma globalizada, interconectada, casi pascaliana (por el principio de los vasos comunicantes).
Saludos.
11 Junio, 2007 a las 23:07
A propósito de “nueva economía”, ando investigando a Don Juan de Goyeneche (1656 – 1735) y de como se hizo rico. Era natural del Valle del Baztán, y fundó el municipio de Nuevo Baztán (Madrid) se trajo de su valle natal a multitud de Agotes (hábiles artesanos tratados como apestados en Navarra) para hacerlos currar a muy bajo coste.