De tumbas, fundaciones e identidad I

Lunes 29 Diciembre 2008 - Enviado por Cayetano Lupeña

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El Gran Hermano en un pinar

Esto de escribir aquí tiene que ser, en principio, divertido. Y hacer experimentos humorísticos teniendo como tema el Arte puede resultar catastrófico, en especial si no se emplea un cartel aclaratorio con un aviso que informe nítidamente de lo que les espera. Por ejemplo: ¡Cuidado con el perro!.  Esto sirve para explicar el “tono”  de artículos como Hilerriak o Un cementerio de cien años.  Pero hay, además, más enigmas.

Como algunos de ustedes sabrán abandoné eso que llaman Mundo del Arte en el año 1992, más o menos en septiembre, las razones puedo inventármelas ahora según convenga. Pero entre ellas no estaba la imposibilidad de alcanzar el estrellato, la verdad es que ya estaba en otras cosas que me interesaban mucho más.

Eso que se conoce como Arte era, para mi, una herramienta útil para lograr un fin. Los resultados, productos de un proceso intestinal, eran poco consistentes, diarreícos e incluso mediocres pero el proceso merecía la pena (terminada la operación, tras una limpieza y tirar de la cadena: gran satisfacción).

Digo esto porque mi concepción de lo que ha de ser el Arte difiere un poco de los presupuestos que maneja la comunidad artística (en especial la que continúa sentada en el retrete fabricando mierda de artista). Hay que explicar esto de entrada y evitar que se malinterpreten, a partir de ahora, mis palabras escritas.

Añado algo de mala baba como otros aliñan ensaladas. Picantito, pongo el aceite a calentar. ¿Preparados? Pues voy a hablar de algunos artistas que por no ser adeptos del régimen, o porque sus propuestas no interesan a los mercachifles de la Industria Cultural, sufren en obligado silencio fuertes molestias en sus almorranas. Tenía intención de empezar hablando sobre Agustín Ibarrola, pero la cosa quedaría coja y tendenciosa, así que he decidido meter a varios artistas en un mismo paquete (como si fueran hipotecas subprime) y desarrollar un día de estos un artículo dedicado a artista llorón, en contraposición al otro tipo: el artista payaso elevado a los altares mediáticos y bancarios gracias a ejercicios de genuflexión.

Firma Cayetano Lupeña

Referencias:


Ibarrola

Manuel Vázquez Moltalbán
Diario EL País 21/02/2000

Supe de la existencia del pintor Ibarrola hace ya muchos años, cuando él en la cárcel de Burgos, Jordi Pujol en la de Zaragoza, un servidor en la de Lleida pertenecíamos a la comunión de condenados por el Tribunal contra la Rebelión Militar por Equiparación, instrumento surrealista creado tras la guerra civil por los rebeldes victoriosos, que tuvo su heredero en el Tribunal de Orden Público. Así como Pujol sólo era un colega en antifranquismo, es decir, en el asalto a la contradicción de primer plano, Ibarrola lo era en la procelosa secta de los asaltantes a la contradicción fundamental y le seguí la pista como víctima propiciatoria de la represión en Euzkadi. Cuando no le torturaban o le encarcelaban, en los periodos de libertad vigilada, los incontrolados, cuando no la Guardia Civil a tricornio descubierto, le quemaban la casa. Fue uno de los vascos perseguidos más especialmente en un país sañudamente ocupado.

Ibarrola siguió creciendo como pintor. Pasó del constructivismo a una ecoestética en la que las raíces de las personas y las cosas tenían voluntad de árbol y, en su defecto, Ibarrola pintaba o modificaba maderas vivas y muertas, bosques y traviesas de trenes tratando de eternizar el reclamo del tótem. Agustín me prestó hospitalidad, conversación y su bosque cuando yo estaba escribiendo Galíndez, y seguía siendo la democracia con chapela y una tolerancia educada en el rechazo de todas las intolerancias padecidas. Contemplo ahora su casa violada por la barbarie talibana local y a él bajo la chapela, con los brazos abiertos, como tratando de abarcar tanto absurdo, un minuto antes de refugiarse en la patria de la Razón Melancólica, patria sin pasaporte ni banderas y que merece el derecho a la autodeterminación tanto como Euzkadi, esa justa autodeterminación que, vaya donde vaya, deberá guardarse de los que atacan a un representante de la mejor memoria civil. Son los mismos que lanzaron huevos en un acto de homenaje a Gabriel Celaya, que no había escrito en otra lengua que no fuera en la de la libertad. No escribo con la voluntad de ofrecer un espejo para la barbarie. La barbarie no se mira en los espejos. Los rompe. Me limito a tratar de hacer compañía solidaria a Agustín Ibarrola.

Manuel Vázquez Moltalbán
Diario EL País 21/02/2000

Boj - Edición de grabado

Un comentario en “De tumbas, fundaciones e identidad I”

  1. Cayetano escribe:

    Hoy, aquellos que militaban contra Franco, como tantos Agustín Ibarrola, son parte de las mil personas que necesitan escolta y que sufren la peor dictadura: quieren matarlas por criticar al nacionalismo extremo, incluso al tibio. Manuel Molares do Va: Franco en Euskadi

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