Ya no es ni será

30 Junio 2007

Quienes ya tenemos cierta edad empezamos a conformar un paisaje imaginario que nace en los recuerdos de la infancia. Así, ciudades como Durango, apenas las reconocemos. Los sitios donde jugábamos y descubríamos a los otros son otro y desdibujados. En apenas veinte años el paisaje y la gente son otro. Inés Matute describe en Riaño: 20 años de pantano y silencio ese regusto amargo de haber perdido algo.

Hay sitios a los que no es posible volver, y por eso pienso que morir es algo que vamos haciendo poco a poco. A medida que vamos cerrando puertas, clausurando etapas, que dejamos atrás sitios que se borran del mapa mucho antes que nosotros. Cartografías del recuerdo, asesinatos por etapas. Sólo las fotos me quedan, fotos que apuntalan los recuerdos, que sirven para comparar, para saber que una vez existió lo que ya sólo se dibuja, temblorosamente, en la cabeza. Yo no puedo volver a Riaño, sumergido bajo el pantano, y tampoco puedo volver a casa de mi abuela, la misma mujer que me cedió el nombre y unas cuantas sortijas de oro y azabache. La casa de Horcadas la heredaron mis primos, y donde antes hubo una leñera ahora hay un jacuzzi; donde hubo cuadras y vacas se guardan flamantes motos, y donde antes fresales, ahora cemento.

Inés Matute. Riaño: 20 años de pantano y silencio (Espacio Luke)

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