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	<title>Comentarios en: Armando el Cristo</title>
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	<description>Punto de encuentro para los que viven a la sombra del Anboto</description>
	<pubDate>Sat, 22 Nov 2008 23:10:34 +0000</pubDate>
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		<title>Por: Tabira</title>
		<link>http://www.anboto.com/362/armando-el-cristo/#comment-113</link>
		<dc:creator>Tabira</dc:creator>
		<pubDate>Thu, 19 Jul 2007 07:58:41 +0000</pubDate>
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		<description>Aupa Cayetano!

Hablando y escribiendo se aclaran las cosas. No podemos todos pensar lo mismo. Aquí te va una copia fresquita de un artículo de ayer. También es obispo, aunque no de los talibanes con mitra. O sea, es más que la opinión de un cura de pueblo. Va sobre una Iglesia santa y pecadora. Para profundizar el debate desde las fuentes, no desde unos titulares. Lo he copiado también la revistilla digital de la parroquia y los estamos comentando en las misas con el grupo que viene. Un saludo

Iglesia santa y pecadora 

Par : Felipe Arizmendi le 19 juillet 2007


El Cardenal de los Angeles, Roger Mahony, acaba de pedir perdón por los delitos sexuales perpetrados por varios sacerdotes contra menores de edad. Son abusos innegables, vergonzosos y reprobables desde todos los aspectos. Su arquidiócesis fue obligada a pagar una altísima indemnización a las víctimas, advirtiendo que las faltas cometidas no se borran con dinero y comprometiéndose a luchar por que esos hechos no se repitan. No fue una culpa personal, sino que la asumió en nombre de la institución eclesial. Y como éstos, no faltan otros casos pecaminosos no sólo de sacerdotes, sino de cuantos formamos esta Iglesia. Lamentablemente no son exclusivos de los católicos, sino que acontecen también en otras confesiones cristianas. Es la realidad que no podemos negar ni ocultar.
En contraste, nos gloriamos de una inmensa pléyade de beatos y santos, de mártires, de personajes que han hecho mucho bien a la humanidad, inspirados por su fe católica, y de muchísimas personas cuya vida es un vivo reflejo del Evangelio. Algunos han sido canonizados, es decir reconocidos oficialmente como santos, pero la gran mayoría viven y conviven con nosotros con una gran sencillez en su catolicismo. Podríamos recordar, entre otros, a San Francisco de Asís, San Agustín, Santo Tomás de Aquino, a los llamados Padres de la Iglesia de los primeros siglos, así como a la Madre Teresa de Calcuta, Maximiliano Kolbe, Juan Diego, Rafael Guízar y Valencia, Miguel Agustín Pro, etc., etc., etc. Yo podría dar testimonio de la santidad de muchos de nuestros catequistas y diáconos, cuyos nombres no son famosos en este mundo, pero están en el corazón de Dios. Hay mucha santidad.

JUZGAR

Dice el Concilio Vaticano II: “Mientras Cristo, santo, inocente, inmaculado (Hebr 7,26), no conoció el pecado (cf 2 Cor 5,21), sino que vino únicamente a expiar los pecados del pueblo (cf Hebr 2,17), la Iglesia encierra en su propio seno a pecadores, y siendo al mismo tiempo santa y necesitada de purificación, avanza continuamente por la senda de la penitencia y de la renovación” (LG 8).

Dios es santo y, porque nos ha hecho sus hijos desde el bautismo, estamos llamados, jerarquía y fieles, a ser santos como El. Esta es nuestra vocación: la santidad. Por nosotros mismos no la podemos alcanzar; pero Cristo, Cabeza de la Iglesia, es quien nos santifica, como dice el mismo Concilio: “La Iglesia creemos que es indefectiblemente santa. Pues Cristo, el Hijo de Dios, quien con el Padre y el Espíritu Santo es proclamado ‘el único santo’, amó a la Iglesia como su esposa, entregándose a Sí mismo por ella para santificarla (cf Efr 5,25-26), la unió a Sí como su propio cuerpo y la enriqueció con el don del Espíritu Santo para gloria de Dios… Esta santidad de la Iglesia se manifiesta y sin cesar debe manifestarse en los frutos de gracia que el Espíritu produce en los fieles…, en cada uno de los que se acercan a la perfección de la caridad en su propio género de vida; de manera singular en la práctica de los llamados consejos evangélicos” (LG 39).

La Iglesia Católica es santa, porque Cristo la hace santa; no son, pues, méritos personales. En este sentido, es objeto de nuestra fe, como profesamos en el Credo de los Apóstoles: “Creo en la santa Iglesia católica”; o en la versión niceno-constantinopolitana: “Creo en la Iglesia, que es una, santa, católica y apostólica”. Esta santidad es objeto de fe, porque muchas veces no la percibimos tan claramente. Si no fuera por Cristo, no la habría.

Sin embargo, somos pecadores. Esta es nuestra realidad, que constatamos no sólo en los demás, a quienes criticamos, sino en nuestra experiencia personal. Jesucristo vino no por los santos y justos, sino por los pecadores. Y su Iglesia está llena de pecadores. Sólo los fariseos no reconocen su propia falta, y se especializan en juzgar y condenar a los demás.

Ya Juan Pablo II, al preparar la celebración del Gran Jubileo de la Encarnación del año 2000, decía que “es justo que la Iglesia asuma con una conciencia más viva el pecado de sus hijos a la largo de la historia… Reconocer los fracasos de ayer es un acto de lealtad y de valentía que nos ayuda a reforzar nuestra fe” (Tertio Millenio Adveniente, 33).

Y el actual Papa Benedicto XVI, antes de ser elegido, en las meditaciones que escribió para el Vía Crucis en el Coliseo Romano, el 25 de marzo de 2005, decía en la IX Estación: “¿Qué puede decirnos la tercera caída de Jesús bajo el peso de la cruz? Quizá nos hace pensar en la caída de los hombres en general, en que muchos se alejan de Cristo, en la tendencia a un secularismo sin Dios. Pero, ¿no deberíamos pensar también en lo que debe sufrir Cristo en su propia Iglesia? ¡En cuántas veces se abusa del santo sacramento de su presencia, y en el vacío y maldad de corazón donde entra a menudo! ¡Cuántas veces celebramos sólo nosotros sin darnos cuenta de él! ¡Cuántas veces se deforma y se abusa de su palabra! ¡Qué poca fe hay en muchas teorías, cuántas palabras vacías! ¡Cuánta suciedad en la Iglesia y también entre los que, por su sacerdocio, deberían estar completamente entregados a él! ¡Cuánta soberbia, cuánta autosuficiencia! ¡Qué poco respetamos el sacramento de la reconciliación, en el cual él nos espera para levantarnos de nuestras caídas! También esto está presente en su pasión. La traición de los discípulos, la recepción indigna de su Cuerpo y de su Sangre es ciertamente el mayor dolor del Redentor, el que le traspasa el corazón. No nos queda más que gritarle desde lo más profundo del alma: Señor, sálvanos (cf Mt 8,25)”. Reconocemos, pues, ser pecadores.

ACTUAR

Dice el Concilio: “Los seguidores de Cristo han sido hechos por el bautismo verdaderos hijos de Dios y partícipes de la naturaleza divina, y por lo mismo, realmente santos. En consecuencia, es necesario que con la ayuda de Dios conserven y perfeccionen en su vida la santificación que recibieron. El Apóstol les amonesta a vivir como conviene a los santos (Ef 5,3) y que, como elegidos de Dios, santos y amados, se revistan de entrañas de misericordia, benignidad, humildad, modestia, paciencia (Col 3,12) y produzcan los frutos del Espíritu para la santificación (cf Gál 5,22; Rom 6,22). Pero como todos caemos en muchas faltas, continuamente necesitamos la misericordia de Dios y todos los días debemos orar: Perdónanos nuestras ofensas (Mt 6,12) (LG 40).

Reconozcamos nuestros pecados, pero al mismo tiempo tengamos puesta la seguridad de nuestra fe en Cristo resucitado. Nosotros podemos pecar, pero El no. El cimiento de nuestra fe es Cristo. Aunque algunos fallemos, mantengámonos firmes en El y en su santa Iglesia.

+ Felipe Arizmendi Esquivel
Obispo de San Cristóbal de Las Casas
San Cristóbal de las Casas, Chiapas a 18 de julio de 2007</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>Aupa Cayetano!</p>
<p>Hablando y escribiendo se aclaran las cosas. No podemos todos pensar lo mismo. Aquí te va una copia fresquita de un artículo de ayer. También es obispo, aunque no de los talibanes con mitra. O sea, es más que la opinión de un cura de pueblo. Va sobre una Iglesia santa y pecadora. Para profundizar el debate desde las fuentes, no desde unos titulares. Lo he copiado también la revistilla digital de la parroquia y los estamos comentando en las misas con el grupo que viene. Un saludo</p>
<p>Iglesia santa y pecadora </p>
<p>Par : Felipe Arizmendi le 19 juillet 2007</p>
<p>El Cardenal de los Angeles, Roger Mahony, acaba de pedir perdón por los delitos sexuales perpetrados por varios sacerdotes contra menores de edad. Son abusos innegables, vergonzosos y reprobables desde todos los aspectos. Su arquidiócesis fue obligada a pagar una altísima indemnización a las víctimas, advirtiendo que las faltas cometidas no se borran con dinero y comprometiéndose a luchar por que esos hechos no se repitan. No fue una culpa personal, sino que la asumió en nombre de la institución eclesial. Y como éstos, no faltan otros casos pecaminosos no sólo de sacerdotes, sino de cuantos formamos esta Iglesia. Lamentablemente no son exclusivos de los católicos, sino que acontecen también en otras confesiones cristianas. Es la realidad que no podemos negar ni ocultar.<br />
En contraste, nos gloriamos de una inmensa pléyade de beatos y santos, de mártires, de personajes que han hecho mucho bien a la humanidad, inspirados por su fe católica, y de muchísimas personas cuya vida es un vivo reflejo del Evangelio. Algunos han sido canonizados, es decir reconocidos oficialmente como santos, pero la gran mayoría viven y conviven con nosotros con una gran sencillez en su catolicismo. Podríamos recordar, entre otros, a San Francisco de Asís, San Agustín, Santo Tomás de Aquino, a los llamados Padres de la Iglesia de los primeros siglos, así como a la Madre Teresa de Calcuta, Maximiliano Kolbe, Juan Diego, Rafael Guízar y Valencia, Miguel Agustín Pro, etc., etc., etc. Yo podría dar testimonio de la santidad de muchos de nuestros catequistas y diáconos, cuyos nombres no son famosos en este mundo, pero están en el corazón de Dios. Hay mucha santidad.</p>
<p>JUZGAR</p>
<p>Dice el Concilio Vaticano II: “Mientras Cristo, santo, inocente, inmaculado (Hebr 7,26), no conoció el pecado (cf 2 Cor 5,21), sino que vino únicamente a expiar los pecados del pueblo (cf Hebr 2,17), la Iglesia encierra en su propio seno a pecadores, y siendo al mismo tiempo santa y necesitada de purificación, avanza continuamente por la senda de la penitencia y de la renovación” (LG 8).</p>
<p>Dios es santo y, porque nos ha hecho sus hijos desde el bautismo, estamos llamados, jerarquía y fieles, a ser santos como El. Esta es nuestra vocación: la santidad. Por nosotros mismos no la podemos alcanzar; pero Cristo, Cabeza de la Iglesia, es quien nos santifica, como dice el mismo Concilio: “La Iglesia creemos que es indefectiblemente santa. Pues Cristo, el Hijo de Dios, quien con el Padre y el Espíritu Santo es proclamado ‘el único santo’, amó a la Iglesia como su esposa, entregándose a Sí mismo por ella para santificarla (cf Efr 5,25-26), la unió a Sí como su propio cuerpo y la enriqueció con el don del Espíritu Santo para gloria de Dios… Esta santidad de la Iglesia se manifiesta y sin cesar debe manifestarse en los frutos de gracia que el Espíritu produce en los fieles…, en cada uno de los que se acercan a la perfección de la caridad en su propio género de vida; de manera singular en la práctica de los llamados consejos evangélicos” (LG 39).</p>
<p>La Iglesia Católica es santa, porque Cristo la hace santa; no son, pues, méritos personales. En este sentido, es objeto de nuestra fe, como profesamos en el Credo de los Apóstoles: “Creo en la santa Iglesia católica”; o en la versión niceno-constantinopolitana: “Creo en la Iglesia, que es una, santa, católica y apostólica”. Esta santidad es objeto de fe, porque muchas veces no la percibimos tan claramente. Si no fuera por Cristo, no la habría.</p>
<p>Sin embargo, somos pecadores. Esta es nuestra realidad, que constatamos no sólo en los demás, a quienes criticamos, sino en nuestra experiencia personal. Jesucristo vino no por los santos y justos, sino por los pecadores. Y su Iglesia está llena de pecadores. Sólo los fariseos no reconocen su propia falta, y se especializan en juzgar y condenar a los demás.</p>
<p>Ya Juan Pablo II, al preparar la celebración del Gran Jubileo de la Encarnación del año 2000, decía que “es justo que la Iglesia asuma con una conciencia más viva el pecado de sus hijos a la largo de la historia… Reconocer los fracasos de ayer es un acto de lealtad y de valentía que nos ayuda a reforzar nuestra fe” (Tertio Millenio Adveniente, 33).</p>
<p>Y el actual Papa Benedicto XVI, antes de ser elegido, en las meditaciones que escribió para el Vía Crucis en el Coliseo Romano, el 25 de marzo de 2005, decía en la IX Estación: “¿Qué puede decirnos la tercera caída de Jesús bajo el peso de la cruz? Quizá nos hace pensar en la caída de los hombres en general, en que muchos se alejan de Cristo, en la tendencia a un secularismo sin Dios. Pero, ¿no deberíamos pensar también en lo que debe sufrir Cristo en su propia Iglesia? ¡En cuántas veces se abusa del santo sacramento de su presencia, y en el vacío y maldad de corazón donde entra a menudo! ¡Cuántas veces celebramos sólo nosotros sin darnos cuenta de él! ¡Cuántas veces se deforma y se abusa de su palabra! ¡Qué poca fe hay en muchas teorías, cuántas palabras vacías! ¡Cuánta suciedad en la Iglesia y también entre los que, por su sacerdocio, deberían estar completamente entregados a él! ¡Cuánta soberbia, cuánta autosuficiencia! ¡Qué poco respetamos el sacramento de la reconciliación, en el cual él nos espera para levantarnos de nuestras caídas! También esto está presente en su pasión. La traición de los discípulos, la recepción indigna de su Cuerpo y de su Sangre es ciertamente el mayor dolor del Redentor, el que le traspasa el corazón. No nos queda más que gritarle desde lo más profundo del alma: Señor, sálvanos (cf Mt 8,25)”. Reconocemos, pues, ser pecadores.</p>
<p>ACTUAR</p>
<p>Dice el Concilio: “Los seguidores de Cristo han sido hechos por el bautismo verdaderos hijos de Dios y partícipes de la naturaleza divina, y por lo mismo, realmente santos. En consecuencia, es necesario que con la ayuda de Dios conserven y perfeccionen en su vida la santificación que recibieron. El Apóstol les amonesta a vivir como conviene a los santos (Ef 5,3) y que, como elegidos de Dios, santos y amados, se revistan de entrañas de misericordia, benignidad, humildad, modestia, paciencia (Col 3,12) y produzcan los frutos del Espíritu para la santificación (cf Gál 5,22; Rom 6,22). Pero como todos caemos en muchas faltas, continuamente necesitamos la misericordia de Dios y todos los días debemos orar: Perdónanos nuestras ofensas (Mt 6,12) (LG 40).</p>
<p>Reconozcamos nuestros pecados, pero al mismo tiempo tengamos puesta la seguridad de nuestra fe en Cristo resucitado. Nosotros podemos pecar, pero El no. El cimiento de nuestra fe es Cristo. Aunque algunos fallemos, mantengámonos firmes en El y en su santa Iglesia.</p>
<p>+ Felipe Arizmendi Esquivel<br />
Obispo de San Cristóbal de Las Casas<br />
San Cristóbal de las Casas, Chiapas a 18 de julio de 2007</p>
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	<item>
		<title>Por: Cayetano Lupeña</title>
		<link>http://www.anboto.com/362/armando-el-cristo/#comment-112</link>
		<dc:creator>Cayetano Lupeña</dc:creator>
		<pubDate>Tue, 17 Jul 2007 19:20:17 +0000</pubDate>
		<guid isPermaLink="false">http://www.anboto.com/?p=362#comment-112</guid>
		<description>A ver si me explico. Soy yo quien "da forma" al artículo pero no es del todo mío. Cuando es mío pongo la firma, esto no me exime de responsabilidades, Ojalá con el tiempo podamos contar con otras opiniones, aunque para eso está el sistema de comentarios.

Lo que entiendo y se de primera mano es que la Iglesia Católica está formada por fieles y creyentes de muy diversa condición, Entiendo tambien que dentro de la institución hay grupos más o menos organizados que desean dar un nuevo aire a la, digamos, organización. Mi percepción personal es que todo intento de renovación desde el concilio vaticano II ha sido, literalmente, aplastado.

Desafortunadamente lo que vende es el escándalo, pero dejando a un lado delitos contra la libertad de las personas (que es mucho dejar de lado) lo que empieza a ser preocupante es la agesiva injerencia en temas de investigación y educación, que en mi opinión no son nada razonables. Por otro lado los asuntos de ética, moral, verdades o dogmas de fe (que algunos atribuyen tambien a la ciencia) son temas muy resbaladizos. El problema es que hay un sector de la sociedad que pretende "prohibir" conductas y formas de entender la vida "diferentes", que no son necesariamente contrarias a la declaración universal de los derechos humanos. 

Otro problema es la escasa "visibilidad" de las voces "renovadoras" dentro de la institución. De forma sistemática se intenta (de manera exquisita y educada) tumbar toda iniciativa renovadora ya en marcha que tenga visos de éxito social y mediático.

Tambien es cierto que la Iglesia oficial denuncia la injusticia de un sistema económico como el actual, solo que propone soluciones con las que muchos no estamos de acuerdo. Como institución la Iglesia tiene muchos registros pero nunca me he creido que la Ciudad pueda ser salvada porque en ella solo haya un solo justo.

Por último, entiendo y se diferenciar entre personas e instituciones (Iglesias, Estados, Partidos, etc.) pero no tengo porque estar de acuerdo con una serie de personas que se apoyan en la supuesta seriedad una institución para cometer todo tipo de tropelías. Y no me refiero solo a temas sexuales, el modelo de sociedad que propone una institución como la Iglesia (el resultado de una suma de voluntades) no me parece demasiado sano. Tampoco me gusta el modelo que propone el Mercado.

De todas formas gracias por los enlaces. Y queda abierto este modesto e irregular blog (este mes cumple 5 años) para aquellos que deseen escribir un artículo expresando su opinión sobre este u otros temas.

Un saludo</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>A ver si me explico. Soy yo quien &#8220;da forma&#8221; al artículo pero no es del todo mío. Cuando es mío pongo la firma, esto no me exime de responsabilidades, Ojalá con el tiempo podamos contar con otras opiniones, aunque para eso está el sistema de comentarios.</p>
<p>Lo que entiendo y se de primera mano es que la Iglesia Católica está formada por fieles y creyentes de muy diversa condición, Entiendo tambien que dentro de la institución hay grupos más o menos organizados que desean dar un nuevo aire a la, digamos, organización. Mi percepción personal es que todo intento de renovación desde el concilio vaticano II ha sido, literalmente, aplastado.</p>
<p>Desafortunadamente lo que vende es el escándalo, pero dejando a un lado delitos contra la libertad de las personas (que es mucho dejar de lado) lo que empieza a ser preocupante es la agesiva injerencia en temas de investigación y educación, que en mi opinión no son nada razonables. Por otro lado los asuntos de ética, moral, verdades o dogmas de fe (que algunos atribuyen tambien a la ciencia) son temas muy resbaladizos. El problema es que hay un sector de la sociedad que pretende &#8220;prohibir&#8221; conductas y formas de entender la vida &#8220;diferentes&#8221;, que no son necesariamente contrarias a la declaración universal de los derechos humanos. </p>
<p>Otro problema es la escasa &#8220;visibilidad&#8221; de las voces &#8220;renovadoras&#8221; dentro de la institución. De forma sistemática se intenta (de manera exquisita y educada) tumbar toda iniciativa renovadora ya en marcha que tenga visos de éxito social y mediático.</p>
<p>Tambien es cierto que la Iglesia oficial denuncia la injusticia de un sistema económico como el actual, solo que propone soluciones con las que muchos no estamos de acuerdo. Como institución la Iglesia tiene muchos registros pero nunca me he creido que la Ciudad pueda ser salvada porque en ella solo haya un solo justo.</p>
<p>Por último, entiendo y se diferenciar entre personas e instituciones (Iglesias, Estados, Partidos, etc.) pero no tengo porque estar de acuerdo con una serie de personas que se apoyan en la supuesta seriedad una institución para cometer todo tipo de tropelías. Y no me refiero solo a temas sexuales, el modelo de sociedad que propone una institución como la Iglesia (el resultado de una suma de voluntades) no me parece demasiado sano. Tampoco me gusta el modelo que propone el Mercado.</p>
<p>De todas formas gracias por los enlaces. Y queda abierto este modesto e irregular blog (este mes cumple 5 años) para aquellos que deseen escribir un artículo expresando su opinión sobre este u otros temas.</p>
<p>Un saludo</p>
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	</item>
	<item>
		<title>Por: Tabira</title>
		<link>http://www.anboto.com/362/armando-el-cristo/#comment-111</link>
		<dc:creator>Tabira</dc:creator>
		<pubDate>Tue, 17 Jul 2007 17:14:06 +0000</pubDate>
		<guid isPermaLink="false">http://www.anboto.com/?p=362#comment-111</guid>
		<description>http://www.redescristianas.net/   a nivel del estado

http://www.servicioskoinonia.org/   a nivel de latinoamerica


http://www.bizkeliza.org/      a nivel de Bizkaia


y somos tan iglesia como la que hablas en tu artículo.

un saludo</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.redescristianas.net/">http://www.redescristianas.net/</a>   a nivel del estado</p>
<p><a href="http://www.servicioskoinonia.org/">http://www.servicioskoinonia.org/</a>   a nivel de latinoamerica</p>
<p><a href="http://www.bizkeliza.org/">http://www.bizkeliza.org/</a>      a nivel de Bizkaia</p>
<p>y somos tan iglesia como la que hablas en tu artículo.</p>
<p>un saludo</p>
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