El impreciso tópico ecologista

Jueves 18 Diciembre 2008 - Enviado por Cayetano Lupeña

Quien más llama la atención en los medios es el modelo cirquense del ecologismo espectáculo, es decir las acciones de GreenPeace montando pancartas en las torres de refrigeración de una central nuclear o dando peligrosos pases en sus Zodiac a los balleneros japoneses en alta mar;  las movidas callejeras antiglobalización y lemas como “otro mundo es posible”, todo ello aderezado con pasacalles, música rara, confeti, gigantes y cabezudos; las sueltas masivas de animales encarcelados; o eso que se conoce como ecoterrorismo. Y esos son los argumentos esgrimidos contra el movimiento ecologista: el color más chillón. A la salsa se agrega un poco de pimienta, al señalar que el ecologismo intenta hacernos volver a tiempos pretéritos donde la jornada laboral, de sol a sol, solo permitía llenar el puchero con apenas berzas y un poco de cordero. ¿Qué significa realmente eso de ser ecologista?.

¿Existe un movimiento ecologista?. ¿Una ideología? ¿Diez mandamientos revelados a un iluminado Moises salvador?. Hay muchas formas de entender la ecología, tambien desde las más avanzadas tecnologías. Aunque tampoco olvido a los camisas negras: El Ecofascismo.

Asi que, en principio, la etiqueta ecologista solo identifica un enorme cajón de sastre del que podemos extraer desde una flor hasta un cartucho 9 x 19 mm. Parabellum. ¿Hay un término más impreciso y manoseado que eso de ser ecologista?

Sin embargo, cuando los ánimos se caldean, se pierde toda mesura y capacidad de análisis, cayendo en los más extravagantes tópicos, fijando la mirada en los que más chillan, los que más matan, los más impresentables de la función circense publicitada por los mass media. Quizás por eso Pedro Ugarte nos hable en Mutaciones regresivas de un sector del ecologismo amante de plantar sus propias berzas y retrotraernos a la edad de piedra, o de montar espectáculos cirquenses con los que alimentar a la prensa más amarillista (si no hay escándalo no hay noticia, montamos escándalo para ser noticia, etc.)

El carácter no objetable del ecologismo lo ha convertido en herramienta de los enemigos de la democracia. El irresistible aumento de la prosperidad en Occidente dinamitó hace tiempo la lucha de clases y lleva camino de hacer lo mismo con su versión geográfica: las diferencias Norte-Sur. Por eso ha sido necesario inventar un tercer artefacto dialéctico: la raza humana enemiga de la naturaleza. Pero no hay que preocuparse; es una nueva excusa: cuando la fuerza de los hechos se imponga, por tercera vez, sobre los augurios catastrofistas, se alzará el cuarto teatrillo: la Tierra, enemiga de la galaxia. El ecologismo se acomoda a las ventajas de toda idea hegemónica: en su versión moderada o en la más extravagante, vive a salvo de críticas. Uno oye la palabra “ecologismo” y se pone más firme que un recluta. Uno escucha por la radio “sostenible”, “alternativo”, “medioambiental”, “comunidades locales” o “Pacha-Mamma” y deja de pelar patatas, se quita el delantal y entona himnos sostenibles. Si no es por Lenin, que sea por las mofetas. Mutaciones regresivas. Pedro Ugarte.

Firma Cayetano Lupeña

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2 comentarios en “El impreciso tópico ecologista”

  1. Juan escribe:

    Me quito la txapela señor Cayetano. Igual que me emociona una cancion y la buena poesia (en dosis muy, muy pequeñitas), este articulo me ha…. Me ha gustado mucho, de verdad.

  2. alvaro escribe:

    Pues la verdad es que tienes razón.

    Pero en el fondo creo que todos entendemos el verdadero significado de ser ecologísta. El problema es que requiere un gran esfuerzo, la recompensa no es comodidad y encima tampoco conlleva reconocimiento… y seamos sinceros, el hombre (yo) es (soy) demasiado vago.

Comentarios



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