Levantamiento de una excomunión

Domingo 8 Febrero 2009 - Enviado por Anboto News

El 24 de enero, Benedicto XVI levantó la excomunión a cuatro obispos integristas de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X, fundada por Monseñor Lefebvre en 1971, poco después del Concilio Vaticano II. Es una decisión que pone de manifiesto la tendencia retrógrada de la jerarquía católica vaticana actual. Joxe Arregi, franciscano en Aranzazu, escribe su particular visión sobre este asunto:

El nuevo Concilio resultaba inaceptable para Mons. Lefebvre y no lo aceptó, no lo acató, formó su Fraternidad Sacerdotal y en 1988 acabó ordenando obispos (”ilícita pero válidamente”, cosas del Derecho Canónico) a cuatro sacerdotes de su movimiento. Éstos incurrieron ipso facto en excomunión (cosas también del Derecho Canónico). Y la excomunión significa: “No estás en comunión con la Iglesia y, por lo tanto, no puedes estar en comunión con Dios y, por consiguiente, no puedes participar en los sacramentos ni comulgar con Jesús en la eucaristía. Es casi seguro que irás al infierno”.

Yo no estoy de acuerdo con Lefebvre y los suyos, pero aun estoy menos de acuerdo con que se les excomulgue. ¿Qué es una Iglesia que excomulga? Claro que entender, se entiende. Se entiende que la iglesia, como todo grupo humano, necesite una cierta coherencia interna para mantener su “unidad”, pero sobre todo su poder, y se entiende que expulse de su seno al que molesta demasiado (un día a Lefebvre, otro día a Hans Küng). Eso pasa en todos los partidos; no hay más que mirar estos días las puñaladas que se dan unos compañeros de partido, en la sombra y a la luz, y todo por rencillas personales y luchas de poder, todo por un puesto arriba o abajo… Pasa en las mejores familias. Pasa también en la Iglesia, pero no deja de ser una pena. Es una pena que también en la Iglesia se reproduzcan las luchas de poder y todos sus derivados. Es una pena que nuestros márgenes de tolerancia sean igual de estrechos (no diría que más) que en un partido y no seamos capaces de convivir pensando, creyendo, siendo de manera diversa, incluso opuesta. Es una pena que no pudieran convivir Marcel Lefèbvre y Hans Küng, por mucho que disintieran y discutieran, como Pedro y Pablo. Es una pena que tenga que haber excomuniones o exclusiones en la Iglesia en aras de la supervivencia y de la conservación. Pero lo peor, mucho peor, es que se excomulgue y se excluya en nombre de Jesús, en nombre de Dios. Una excomunión en nombre de Dios es perversa, lo más perverso que cabe en una Iglesia llamada a ser hogar amplio y cálido, sacramento de una humanidad sin excomulgados.

Joxe Arregi: Sobre el levantamiento de una excomunión.

OpenOffice.org

Comentarios



Los comentarios están moderados. Puedes emplear las etiquetas básicas HTML para formatear e incluir enlaces. Los datos que recoge este formulario son: nombre, e-mail, hora y dirección IP origen: Son confidenciales y no se almacenan, venden ni distribuyen a terceros. Aviso legal.