El trenecito
20 Octubre 2003Aún recuerdo los bancos de madera, y su olor, del tren que llegaba hasta Elorrio. Durante un tiempo lo usé para ir hasta Apatamonasterio.
Este reportaje de Iñigo Muñoyerro nos recuerda que los pueblos de Apatamonasterio y Arrazola (Valle de Atxondo) estuvieron unidos hasta el año 1920 por un ferrocarril que transportaba el mineral de hierro que se extraía en el monte Anboto. Los que lo conocieron cuentan lo animada que estaba la estación de Apatamonasterio los días de mercado en Durango.
He recordado, tambien, que en los años en los que estos trenes eran de asientos madera la gente charlaba: del tiempo, del destino, de su trabajo. Y aunque no se conocieran cualquier tema de conversación era válido para hacer más entretenido el viaje.
Hoy los viajeros y los trenes son diferentes. Lo he comentado alguna vez, charlar con el compañero de viaje es casi imposible, o lee un libro o mira extrañado a un interlocutor que le pregunta:
¿Va usted hasta Bilbao?.