La Navidad como problema

31 Diciembre 2007

Hay gente que sabe escribir y expresar mejor que yo mis propias ideas. Me ha encantando el artículo de Vicente Carrión Arregui: La Navidad como problema.

Vamos haciéndonos expertos en salvar las apariencias, sí, y eso que la Nochevieja cada vez está más difícil. Hemos pasado de qué cenamos al qué me pongo para estar a la altura de los últimos anuncios publicitarios, como si fuera un fracaso existencial no poder derrochar cientos de euros en atuendos, cotillones y otros excesos que nos aseguren una noche memorable. Quien no grite, cante o petardee en cuanto den las doce -ni mencionamos el mal fario de quien pretenda acostarse antes de medianoche- es un amargado y un aguafiestas que no respeta el imperativo social de estirar el ánimo durante la madrugada del Añonuevo como si esas horas fueran las témporas de la felicidad del año que entra: alcohol, risas, baile y sexo, a poder ser, pilares de la fe de nuestro tiempo. Lástima que en la liturgia laica del cotillón sean también pocos los elegidos entre los muchos llamados. Un paseo por la ciudad a primera hora de la mañana, antes de conectar con Viena, es la imagen misma de la derrota: los pies femeninos ya no soportan los zapatos de aguja y las corbatas masculinas parecen sogas. Centenares de jovencitos consuman la retirada sin haber pillado lo que buscaban, como si las témporas les hubieran sido tan esquivas como la lotería. [+]

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