Filicidio
Jueves 10 Septiembre 2009 - Enviado por Anboto NewsComo poco inquientante el artículo del psiquiatra José Guimón sobre una práctica cultural aún vigente en muchos países: El infanticidio. Cuando algunos de los padres mata a uno de sus hijos ¿es una locura o una acción producto de su cultura?
Pero el infanticidio no es cosa de los demás ni de la antigüedad, sino que está presente en nuestro inconsciente colectivo y en los fondos recónditos de nuestra psicología individual. Freud consideró que los mitos y leyendas representan, de forma más o menos velada, a la vez los deseos fundamentales del ser humano y las fuerzas que se oponen a su realización. El psicoanalista argentino Raskovsky publicó un excelente libro respecto a las motivaciones inconscientes del filicidio. Mitos y leyendas serían vestigios distorsionados de las fantasías figurativas de naciones en su totalidad, los sueños seculares de la juventud de la Humanidad. Por ello, una construcción mitológica puede prestar la base para una exploración de la historia psíquica del hombre. En los mitos se presentan, en toda su crudeza, pasiones y deseos aterradores, como el filicidio, el parricidio, el incesto, etcétera. Pero si Cronos devoró a sus hijos para evitar ser destronado y si Medea mató a los suyos por despecho, esos mismos deseos nos acechan agazapados en nuestro inconsciente, incluso aunque los hayamos criado en el ambiente cultural de Euskadi. ¿O es que hemos olvidado la leyenda que recogió Don José Miguel de Barandiarán en Rentería, y de la que me ocupé hace unos años? «Érase una vez una familia compuesta por el padre, la madre y dos hijos: Catalina y Beñardo. Cierto día, la madre les dijo que quien regresara primero de los dos encontraría en el armario una taza de leche. El primero en volver a la casa fue Beñardo, pero no pudo hallar la leche. La madre le dijo que metiera la cabeza más adentro del armario para buscarla y, cuando lo hizo, la mujer cerró de golpe la puerta y le cortó la cabeza. A continuación lo dividió en trozos y lo puso a cocer en una caldera».. Filicidio