Democracia degenerativa

1 Marzo 2008

Se requere distancia y lucidez para analizar ciertas manifestaciones mediáticas. No había leido, desde hace tiempo, un texto tan oportuno y lúcido como el que ha elaborado el abogado José María Ruíz Soroa. Un ejercicio de higiene mental. Democracia degenerativa

Desde un punto de vista práctico todos saben y reconocen que los debates electorales televisivos no sirven para nada. Que la percepción de los electores televidentes está tan sesgada por su previa simpatía y partidismo que ven lo que quieren ver, de forma que lo único que se consigue es reforzar su previa decisión. Que el encorsetamiento del debate convierte a los candidatos en grotescos muñecos de guiñol, que se limitan a balbucear como pueden en un tiempo limitado las consignas prediseñadas por sus expertos. Que la imagen que ofrecen es mucho más pobre que la de su real humanidad y profesionalidad. Que, además, el debate de ideas, valores e intereses se transforma por culpa del formato en una discusión sobre personas, y que discutir sobre personas es el nivel más degradado de debate posible (por eso es el más explotado en la programación de éxito). Todos lo saben, sí, pero ¿qué importa eso? Porque en realidad no se trata del debate, no se trata de las buenas prácticas democráticas, de lo que se trata es del poder. Y el poder consiste, al final, en la capacidad para imponer el marco de presentación de la realidad. El poder, en este caso, consiste en presentar la política como un espectáculo. Y es el poder de los medios. No el de los ciudadanos, ni el de los políticos. De lo que hablamos es del poder de los medios.

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