Las vacas flacas

13 Marzo 2008

Jugando al despiste los responsables de las políticas económicas de vascos y españoles gobiernos, no han tenido mucho tiempo para explicarnos cómo van a financiar las obras del TAV. Es decir, como montarles el negocio a terceros sin que se resientan los ya limitados recursos destinados a eso que llaman estado del bienestar. Cosas como la asistencia sanitaria, la cobertura de pensiones, etc. Pedro Solbes se ha quitado la careta y comienza a mostrar otra realidad: «Es indudable que hay una clara desaceleración tenemos que pensar que el crecimiento estará por debajo de lo que inicialmente habíamos previsto».

Pero hay más, los que más dinero han ganado, el sistema financiero, los culpables de muchos descalabros de eso que llaman economía real (productores de bienes y servicios) están descontentos. Su codicia no tiene límites. John Lipsky del FMI no se corta y declara: «A estas alturas hay pocas dudas de que los riesgos de una mayor escalada de la crisis van en aumento y será necesaria una acción más decidida para ayudar a que los sistemas financieros y las economías globales vuelvan a pisar terreno firme».

Muchos de nosotros ya andamos mosqueados con la menguante capacidad adquisitiva de nuestros ingresos, pero el Banco de España tampoco ofrece esperanzas con sus recomendaciones: un aumento del coste de los salarios, vía ajuste con el IPC, «podría afectar al dinamismo empresarial». Ahora ya sabemos cuales son las prioridades que marcan el futuro. Las mismas que las del pasado.

Mis ganancias no se tocan, dicen, el TAV tampoco. Así que ahora y como siempre toca retocar las suyas, esas vacas que siempre estuvieron flacas. Necesitan rebañarle hasta los huesos.

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