Muere el bosque y llora el aire
13 Abril 2008
Llorando por el árbol muerto. Cayetano Lupeña. 1989
Otxandio. Fragmento. Oleo sobre papel. 120×200 cm.
Jordi Sunyer es investigador ambiental del Instituto Municipal de Investigación Médica y profesor asociado de la Universidad Autónoma de Barcelona. Además de otros méritos y cargos, tiene clara una cosa:
La contaminación del aire es perjudicial para salud. Ahora, como tantos otros, continúa con más estudios epidemiológicos (va incluido en el sueldo) para añadirlos a la enorme pila de papeles y estudios que se acumulan en los despachos oficiales de ministerios y ayuntamientos.
La lectura de una larga entrevista a Jordi Sunyer en la revista Integral de este mes de abril (número 340, no disponible ya en la Red) evidencia lo que ya sospechábamos: El aire que respiramos en la comarca además de ser una puta mierda, afecta seriamente a nuestra salud.
¿Y que cojones importa?: Mola fardar con el puto cochecito, mola aparentar, mola mazo demostrar nuestro status y despilfarrar con todo y contra todos. Es mejor callar y seguir la corriente. Y a quien nos podía salvar, nuestro bosque, lo vamos arañando para especular o dotarnos de mejores infraestructuras para vivir o huir más rápido: Hacia el desastre.
Según un estudio de la Asociación Nacional de Empresas Forestales (Asemfo), actualmente la superficie forestal en toda España ocupa el 54,7% del territorio. Pero no toda la superficie forestal está arbolada. Del territorio clasificado como forestal solo el 40,89 % está arbolado; el 12,62% es arbolado ralo (matorral y/o árboles dispersos) y el 46,48% está desarbolado. Lo más importante, solo estos bosques fijan un total del 19% de las emisiones de CO2 producidas al año en España. Aún queda por repoblar o arbolar más del 50% de la superficie calificada actualmente como forestal. Si combinamos reducción de emisiones y aumento de superficie arbolada podemos hacernos una idea clara donde se encuentra la solución.
El País Vasco supera en un 20% las tasas de CO2 establecidas en el protocolo de Kioto. Ocurrencias aparte, más o menos pintorescas, como pagar para plantar árboles en Kenia y compensar así la emisiones de CO2 no existe una clara voluntad de acción. Se mide mucho, se realizan estudios (y de paso se crean empresas ad-hoc llenas de expertos que repartirán 80 millones de euros) para demostrar lo evidente. Mientras tanto. nuestros bosques se abandonan y apagan. Árbol de Gernika incluido.
Los ayuntamientos de la comarca, a través de las muy publicitadas Agendas 21, tambien están estudiando (¡como no!). Aún con los datos y evidencias encima de la mesa, siguen realizando más y más estudios (ahora sobre estrategias de acción cuya responsabilidad se intenta traspasar, mayoritariamente, a los hombros del ciudadano: usted es el único culpable). Así seguimos: Fingiendo que lloramos en el entierro de nuestros bosques. Demorando las soluciones. Que no nos falte el aire.
