La soledad del corredor de fondo
14 Abril 2008No puedo dejar de identificarme (por otras causas) con el lúcido texto que Patxi Ibarrondo nos regala a propósito de la celebración de Día Mundial del Parkinson. ¿Palabras de consuelo? ¿Palmaditas en la espalda y frasecitas bien intencionadas? No, seguir corriendo hacia no se sabe donde a pesar de todo. A eso lo llamo tener un par de cojones bien puestos. Parkinson blues.
Aunque lo más significativo, para un enfermo del Mal de Parkinson, es constatar sin remedio y sin poder evitarlo cómo te vas quedando solo. Habitante de una soledad lapidaria e irremediable, tu mundo se limita a tu familia más próxima y a los médicos. Y lo peor es que te acostumbras, renuncias a escuchar verborreas o deslizantes palabras de aliento. Enseguida la gente se empieza a poner conmiserativa y paternal. Incapaces de lograr el punto de la sinceridad, asoman los latiguillos y frases hechas de cuyo aburrimiento hay una seguridad absoluta. La gente no tiene el don de la paciencia y sigue su ritmo, con siempre algo urgente que hacer. La gente tiene bastante con su vida. La gente tiene miedo al contagio por contacto, pues posiblemente equiparan sistema nervioso a demencia y la locura es el máximo tabú. La gente quiere que la teclen pero no siente que haya necesidad de teclar al prójimo. La amistad requiere del riego frecuente del trato y a nosotros los parkinsonianos nos está vedada la vida social. No podemos tener nada previsto, porque las respuestas de la enfermedad son tan improvisadas como un solo de piano de Thelonius Monk. Quizá haya suerte y logremos resistir en una cita, pero también puede ocurrir que nos sea imposible expresarnos con claridad.