Los sótanos del Guggenheim

17 Abril 2008

No, no nos interesan aquí algunas anécdotas. Ni el descubrimiento del desfalco realizado por el director de finanzas del Guggenheim - Bilbao. Ni la puesta en escena mediática presentando a Roberto Cearsolo Barrenechea como un ladrón arrepentido de sus pecados. Para nada, una menudencia. Lo interesante de todo este asunto son otros temitas que no hay que perder de vista:

Durante unos cuantos años el Gobierno Vasco, la Diputación de Bizkaia y el Guggenheim han ocultado sus cuentas a la hora de irse de compras para proteger la intimidad de los artistas implicados. Y tras una batalla parlamentaria, más o menos cruenta en la que intervino tambien el Tribunal Vasco de Cuentas, accedieron a regañadientes a la auditoría de las cuentas del patronato que gestiona la institución. Es gracias a esto que vamos descubriendo casos aislados que sumando y sumando dan como resultado lo que es vox populi y obvio.

Hace mucho que el PNV debería haber realizado una limpieza a fondo de fingidos patriotas que utizan el partido como palanca de promoción y enriquecimiento personal. Ahora ya es tarde. Tendrían que haber escuchado por ejemplo, al consejero del Tribunal Vasco de Cuentas Públicas Rafael Iturriaga Nieva y a otros muchos, antes de que pierdan la paciencia o el miedo y acaben haciendo públicas sus quejas.

OpenOffice.org

2 comentarios en “Los sótanos del Guggenheim”

  1. Roberto escribe:

    Cayetano, tú siempre tan oscuro y puñetero ;-) , Hay que leerse el artículo entero de Joseba Arregi (por cierto gran impulsor del museo) que enlazas discretamente para enterarse de lo que quieres decir. Hay que ponerlo más fácil hombre, si no me equivoco, se trata de este párrafo:

    Claro que todavía los resortes con los que cuenta el nacionalismo gobernante son muchos, especialmente desde la adminsitración de la mayoría de los recursos públicos, de los presupuestos públicos y del control de los puestos de trabajo afectos al amplísimo sector público y parapúblico. Pero si ese poder empieza a perder credibilidad social, si ese poder empieza a perder capacidad de convicción, si ese poder se empieza a sentir como simple poder, como poder descarnado, pero sin nada más, empieza lo que los alemanes llaman ‘Galgenfrist’, el tiempo que queda hasta la horca. Quiere decir que la cuenta atrás ya ha comenzado.

  2. Arantza Otaduy escribe:

    Roberto Cearsolo fue, desde que comenzó a gestarse la idea de crear en Bilbao un museo referente mundial del arte actual, allá por 1992, la mano derecha de su director, Juan Ignacio Vidarte.
    Sorprendentemente, este señor, fue capaz de robar (él, en su carta, utiliza el término “apropiación”, para, ¿restarle importancia al hecho?) 486.979,38 € (de los que, al parecer, ya ha devuelto 251.900). Los desfalcos se sucedieron durante un período de 7 años (desde 1998 hasta 2005). Lo realmente asombroso es que nadie se percatara durante más de un lustro de lo que estaba sucediendo allí, hasta que, con motivo de la adquisición de dólares, por parte de la pinacoteca, y la consiguiente pérdida que eso supuso en las finanzas del museo, el Tribunal Vasco de Cuentas comenzó a investigar.
    Lo que más escalofriante me resulta es que de no haberse interpuesto el TVC, estas sustracciones de capital, se hubieran podido prolongar en el tiempo. Afortunadamente no ha sido así.
    Supongo, que todos compartiréis una sensación que yo tengo. Me sorprende la celeridad con la que Cearsolo ha devuelto gran parte del dinero robado. Probablemente, mientras aconsejaba mal al museo y le hacía perder cientos de euros invirtiéndo en dolares, ante un eventual repunte de la moneda estadounidense, él se ha lucrado invirtiendo en negocios, gracias al dinero robado.
    Pero, la consecuencia de todo este chanchullo banananero que se ha montado, es que el Museo Guggenheim-Bilbao ha quedado en entredicho y con él, su director, sus empleados y todos los representantes institucionales que participan de esa Fundación. Una verdadera lástima, porque, este museo, desde su creación, con mayor o menor acierto, nos ha dado la oportunidad a vascos y visitantes de disfrutar con exposiciones de tal magnitud que, antes de la existencia del Guggenheim, ni tan siquiera se hubiesen acercado a estas magnitudes.
    Por ello, creo que hay que depurar responsabilidades y, con razón o sin ella, rodarán las cabezas de algunos cargos (empezando por la de Cearsolo). Pero, sobre todo, habrá que crear sistemas más eficaces para controlar las cuentas de estas instituciones. Y, mientras tanto, los ciudadanos deberemos seguir apoyando, con nuestra presencia, todas las iniciativas culturales que promueven museos vascos como el Guggenheim, porque (generalmente) bien vale la pena hacerlo.

Comentarios



Los comentarios están moderados. Puedes emplear las etiquetas básicas HTML para formatear e incluir enlaces. Los datos que recoge este formulario son: nombre, e-mail, hora y dirección IP origen: Son confidenciales y no se almacenan, venden ni distribuyen a terceros. Aviso legal.