Al aire del rigor científico
21 Abril 2008
Atardecer desde mi ventana. Mugarra
Fotografía: Cayetano Lupeña. Abril 2008
Siempre nos han llamado la atención las técnicas para alterar la verdad. Desde un punto de vista rigurosamente científico, nadie puede afirmar que el aire que respiramos en la comarca del duranguesado sea una mierda. Pero tampoco es posible afirmar lo contrario. Lo único cierto es que no se ha medido, o se ha medido mal, o solo se miden los compuestos que se consideran oportunos. Tampoco podemos establecer una relación precisa entre determinados compuestos en suspensión y algunas enfermedades: No hay estudios epidemiológicos concluyentes y aceptados de forma unánime por la comunidad científica.
Dado que no se mide, o aún no se ha medido todo o se mide mal, las conclusiones del estudio sobre calidad del aire que el ayuntamiento de Durango encargó al centro de investigación Azterlan no nos aclara nada en absoluto. En rigor, no es cierto que el aire del municipio «no es peligroso» para la salud. Tampoco es posible afirmar, según el estudio, lo contrario. Pero sirve, a los gestores públicos, para maquillar la realidad, marketing que le llaman. A este juego se ha prestado Azterlan. De acuerdo, juguemos. Vamos a creernos que el aire respirado en Durango no es peligroso.
Suponiendo que hubieran concluido y cobrado el estudio, establecer la peligrosidad o no del aire que respiramos, no depende solo de saber qué metales o compuestos terminan en nuestro organismo, requiere de investigaciones en áreas en las que Azterlan o los políticos, no son expertos: Que le pregunten, por ejemplo, a Jordi Sunyer, ¿Muy caro?. Desde el rigor científico, con los datos obtenidos (insuficientes y parciales), no se puede afirmar nada. Antes no medían y ahora miden mal. Se acabó el buen rollito, la sospecha es evidente: Mienten. Eso sí, muy finamente, presuponiendo que los no expertos, además, somos gilipollas.
21 Abril, 2008 a las 18:29
Hay medidas que no cuadran, hoy publican esto en el diario El País: Los residuos peligrosos aumentan un 75% y superan las 500.000 toneladas. Aunque se supone que no tiene nada que ver con la calidad del aire si con la forma de medir,