Es lógico que quienes padecen una grave enfermedad traten de ocultarla a los demás. Hay muchas razones, una de ellas es el rechazo social. Cuando sufrí el primer infarto, con 44 años, el mundo se me vino encima. Todos mis planes de futuro y esperanzas se vinieron abajo, necesité algo más de tres meses para recuperar la energía espiritual que me permitió seguir adelante. De esta primera experiencia aprendí cosas importantes que me han servido para ir superando un segundo infarto. Deprimirse o desanimarse ahora significa alimentar los factores que potencian la enfermedad.
Este aspecto, el psicológico o el espiritual, es uno de los que menos se tienen en cuenta en el tratamiento de la enfermedad. De dificil cuantificación, imposible de medir, está fuera de las consideraciones de los estudios e investigaciones científicas. Cada cual ha de buscar una solución para continuar dentro del club de los vivos. ¿Quien puede ayudarnos?. Posiblemente nadie. Vivimos en una sociedad donde los inútiles son escondidos en un sistema sanitario basado en tratamientos químicos y deshumanizados.
El psiquiatra David Servan-Schreiber ha pasado por una experiencia parecida y es entrevistado por Milagros Pérez Oliva, titula la entrevista con esta frase suya “Con el cáncer te tratan como si no formaras parte del ‘club’ de los vivos”. Muy interesante, pero muchos enfermos no son David Servan-Schreiber, ni escriben libros, ni tienen la oportunidades materiales y formativas para superar las consecuencias sociales y psicológicas de una enfermedad. ¿Quien puede ayudarles realmente?