Hilario Barrero: Al aire de tu vuelo
Domingo 25 julio 2010por el otero asoma, al aire de tu vuelo
Cántico espiritual. San Juan de la Cruz

Ilustración de Hilario Barrero. (ampliar)
por el otero asoma, al aire de tu vuelo
Cántico espiritual. San Juan de la Cruz

Ilustración de Hilario Barrero. (ampliar)

Día de sol. Ilustración de Hilario Barrero
“En la oscura boca del gastado interior del zapato está grabada la fatiga de los pasos de la faena. En la ruda y robusta pesadez de las botas ha quedado apresada la obstinación del lento avanzar a lo largo de los extendidos y monótonos surcos del campo mientras sopla un viento helado. En el cuero está estampada la humedad y el barro del suelo. Bajo las suelas se despliega toda la soledad del camino del campo cuando cae la tarde. En el zapato tiembla la callada llamada de la tierra, su silencioso regalo del trigo maduro, su enigmática renuncia de sí misma en el yermo barbecho del campo invernal. A través de este utensilio pasa todo el callado temor por tener seguro el pan, toda la silenciosa alegría por haber vuelto a vencer la miseria, toda la angustia ante el nacimiento próximo y el escalofrío ante la amenaza de la muerte”. (El origen de la obra de arte. Martin Heidegger)

Mi zapato. Dibujo de Hilario Barrero
Hilario Barrero acaba de publicar la cuarta entrega de sus diarios: Direccion Brooklyn. A propósito de los mismos José Luis García Martín describe acertadamente en “Museo del barrio” la naturaleza de los mismos.

Un acuse de recibo. El pasado 21 de septiembre recibí un pedido que realicé a Bubok, sentía verdadera curiosidad por comprobar la calidad de impresión de los mismos. Dos libros, de unos amigos de los que me siento orgulloso. El primero Tratado del miedo de Marcos Taracido e ilustrado por Fernando de la Iglesia; el segundo Un cierto olor a azufre de Hilario Barrero con ilustraciones realizadas por el mismo autor, ambos producidos por la editorial Libro de Notas.
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Dibujo de Hilario Barrero
Un cierto olor a azufre, ilustrado con dibujos del autor, es una recreación de sensaciones y recuerdos de infancia, y de «su mundo contemporáneo enmascarado, un juego de avatares y guiños que tienen la virtud de elevarse a una ficción en la que el lector no se pierde. Todo ello amalgamado con el humor y la muerte.»
Para conocer más detalles y adquirirlo en papel o en su versión digital (gratuita) en la librería de Libro de Notas

Anboto y dos cipreses mal pintados. Cayetano Lupeña. 1990
Oleo sobre papel. 30×42 cm. (tamaño original)
En el verano del 2001 escribía en relación al ámbito (inguru bultzatzailea) que rodeaba al Anboto:
Para mostrar mi particular mirada sobre este lugar he registrado el dominio anboto.net, un proyecto paralizado por falta de tiempo, espero concluir el sitio antes del verano del 2002. (#)
Tambien registré, entonces, los dominios anboto.com y anboto.org sorprendido de que nadie lo hubiera hecho antes. He contado aquí parte de esa historia, en la entrada: Malentendidos interesados. Pero no quiero incidir más en los aspectos más miserables y oscuros de la naturaleza humana (aquí, en la comarca, entre vecinos mejor o peor avenidos).
Sin embargo, aquel proyecto que tenía en mente terminar en el 2002, se fue posponiendo por asuntos que entonces creía importantes. Es el momento de realizar profundos cambios de orientación en este sitio web. Será de una manera pausada y lenta: A la velocidad que cambia la luz a medida que transcurre el día, al ritmo suave del cambio de las estaciones y del color de las hojas del haya y el roble.
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El día 2 de Marzo del año 2004 el poeta Raúl Pérez Cobo escribía un comentario en una columna que, el tambien poeta, Hilario Barrero me dedicó Columna Rota:
“Hay un caballero postrado en la cama hoy, salud para Cayetano, escudo de la luz de las empresas arriesgadas. Fortuna para su cuerpo, abrazos para su corazón”.
Este mensaje y otros muchos más, me emocionaron profundamente y fueron “abrazos al corazón” de personas que jamás conocí en persona. Sin embargo: “Muchos de esos momentos se perderán para siempre, como lágrimas que caen al mar” (Blade runner). Que nadie se moleste en encontrarlos ya en la Red, donde todo es efímero, se sobrescribe, se pierde entre miles de millones de anotaciones y abrazos digitales. O simplemente desaparecen en los obscuros abismos del ciberespacio.
Sin embargo, éstas y otras lágrimas preciosas las guardo en un tarro de cristal con tapa de oro y diamantes. No solo en el corazón, que un día recibió abrazos, tambien en formato digital. ¿Como conservar estos recuerdos? ¿Cómo recuperar antiguos abrazos, viejas palabras, olvidados manuales de máquinas recuperadas de entre la chatarra que ya nadie quiere?.
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