Queda el alma
Sábado 22 Mayo 2010
Queda el alma. Fotografía: © Jon Roman Mendizabal

Queda el alma. Fotografía: © Jon Roman Mendizabal

Alex Escorihuela. Insomnia

Calle Ezkurdi hacia 1930. Fragmento. (Imagen original)
Fotografía: Indalecio Ojanguren. Fuente
Los lavaderos públicos, esos elementos arquitectónicos testigos mudos de un modus vivendi ya desaparecido. Mobiliario urbano diseñado para un trabajo tradicionalmente femenino. Espacios de sociabilización donde se refugiaba la poca libertad que la sociedad siempre les ha concedido a las mujeres.
“Allí, lavando en los refregaderos, la libertad de expresión alcanzaba sus máximas cotas cuando en España el absolutismo lo acallaba todo. Desde la política local hasta los amoríos nada le era ajeno a las abnegadas y trabajadoras mujeres de pasadas generaciones. Como si de castillos se tratará, en los lavaderos, las mujeres se hacían fuertes y pocos hombres se atrevían a acercarse a un lugar donde podían ser objeto de mofa y burla.”
Si las piedras hablasen…
Lavaderos: espacio público, genérico, de trabajo, de relaciones interpersonales 1,3 pdf

Levantando el vuelo. Fotografía: © Jon Roman Mendizabal

Por Lucas Santos
La verdad es que uno cuando mira el panorama musical que le rodea, en su círculo más cercano, se puede poner a temblar del susto. Pero recientemente me ha llegado un disco precioso. Una sorpresa agradable.
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Dia de lluvia. Jaime Vicario (ampliar)

Día de sol. Ilustración de Hilario Barrero
“En la oscura boca del gastado interior del zapato está grabada la fatiga de los pasos de la faena. En la ruda y robusta pesadez de las botas ha quedado apresada la obstinación del lento avanzar a lo largo de los extendidos y monótonos surcos del campo mientras sopla un viento helado. En el cuero está estampada la humedad y el barro del suelo. Bajo las suelas se despliega toda la soledad del camino del campo cuando cae la tarde. En el zapato tiembla la callada llamada de la tierra, su silencioso regalo del trigo maduro, su enigmática renuncia de sí misma en el yermo barbecho del campo invernal. A través de este utensilio pasa todo el callado temor por tener seguro el pan, toda la silenciosa alegría por haber vuelto a vencer la miseria, toda la angustia ante el nacimiento próximo y el escalofrío ante la amenaza de la muerte”. (El origen de la obra de arte. Martin Heidegger)