José Ignacio Calleja Saenz de Navarrete, profesor de moral social cristiana, escribe en “Los gobernantes pasan; la justicia social, no“: «En un país con casi cuatro millones de parados, y con millones de trabajadores por debajo de los mil euros, los elevados salarios y, sobre todo, las pensiones y blindajes de los altos directivos bancarios son la prueba más evidente de que las soluciones a la crisis pasan por todos los caminos, menos aquél por el que deberían, es decir, la aportación justa de esos megasalarios, esas empresas en la práctica de ocultación de capitales, esa economía sumergida, ese fraude fiscal de quienes más tienen y pueden… ¡menuda justicia social que nos saca de la crisis con un reparto peor de la riqueza! Y es que mientras la propiedad privada sea el más sacrosanto de los derechos humanos, ¡en cualquier modo y cantidad que alcance!, poco pueden cambiar las cosas. Me gusta que se recompense bien al emprendedor y al que se esfuerza, y reconocer generosamente el empeño de los mejores, pero de ahí, a someternos a su dictado social y pensar que es en ejercicio de nuestra libertad, hay un salto que una mente sensata no debería aceptar sin crítica. De esto debería ocuparse la política también».
Sin embargo disentimos de la idea de que los «gobernantes pasen de largo». Aunque cambien o muten, descubrimos «por qué es un chollo ser político en España» , o lo que es lo mismo: estamos rodeados de personajes dentro de la política y la empresa cuya ética podemos calificar de obscena. Nada parece cambiar, solo hay dos opciones, como siempre: ser amo o esclavo.